En el rubro de alarmas monitoreadas, muchos presupuestos no son “caros”: son inflados. El problema no es pagar por seguridad, sino pagar de más por letra chica, adicionales escondidos y aumentos que aparecen después. Acá te mostramos cómo identificar un precio irreal y cómo comparar con información real.
Una táctica típica es arrancar con una cifra atractiva para cerrar rápido… y luego aparecen: cargos por instalación, sensores extra, mantenimiento, bonificaciones condicionadas o aumentos “por actualización”.
Si a dos personas les cotizan valores muy diferentes por lo mismo, es una alerta. Un sistema serio tiene una política clara: lo mismo vale lo mismo. Cuando el precio varía demasiado, suele ser porque el valor está armado para negociar y no para ser transparente.
Te dicen “incluye lo básico” y después cada componente es un adicional. En la práctica, el cliente termina con un sistema incompleto… o pagando un kit gigante que no necesitaba. Lo correcto es un diseño inteligente: cobertura real según tu propiedad, no “meter cosas para facturar”.
En seguridad, la previsibilidad importa: si el abono sube cada poco tiempo, el cliente pierde control. Antes de contratar, pedí que te expliquen: cada cuánto aumenta, según qué índice y si hay costos “administrativos” o “de servicio”.
Si para darte de baja hay penalidades altas, meses de permanencia obligatoria o procesos eternos, eso también es parte del “precio”: te están atando. La seguridad debería ser una decisión por confianza, no por trabas.
Antes de elegir, pedí que te respondan estas 6 preguntas:
1) ¿Cuánto pago hoy (total real, no “desde”)?
2) ¿Qué incluye exactamente el kit?
3) ¿Qué se cobra aparte y cuánto?
4) ¿Cómo y cuándo aumenta el abono?
5) ¿Hay permanencia / penalidad de baja?
6) ¿Quién instala y quién responde ante un evento?
Te asesoramos y te armamos un sistema a medida con precios claros desde el inicio.
Quiero una cotización real