Contratar una alarma parece simple… hasta que te encontrás con precios que cambian, adicionales, aumentos y contratos que no te explicaron bien. Esta guía es para que compares con claridad y tomes una decisión con información real, sin sorpresas.
Si te dicen “abono desde $X” o “kit desde $X”, pedí el total real para tu casa o local: cuántos sensores incluye, qué se cobra aparte y cuál es el costo final. Muchas veces el precio “desde” es solo para un escenario que nadie tiene.
Lo más común es que después aparezcan: instalación, sensores extra, mantenimiento, cargos administrativos o “mejoras obligatorias”. La clave es simple: que el presupuesto detalle todo lo incluido y todo lo no incluido.
Un abono puede ser lógico hoy, pero si sube seguido se vuelve inmanejable. Antes de contratar pedí que te expliquen: cada cuánto aumenta, según qué criterio y si hay “reajustes” fuera de eso.
Acá es donde muchos clientes se arrepienten: permanencia obligatoria, penalidades, plazos largos o procesos engorrosos para solicitar la baja. Si la empresa es seria, el contrato es claro, simple y te lo explican sin vueltas.
Una alarma monitoreada no es solo que “llegue un aviso”. Importa el protocolo real: verificación, contacto, tiempos y respuesta. Preguntá cómo se actúa ante intrusión, incendio, pánico o emergencia médica.
La diferencia entre “una alarma” y “una seguridad real” está en el diseño: puntos vulnerables, zonas de paso, accesos secundarios, altura y ubicación. Un buen sistema cubre lo importante sin “llenarte” de equipos.
Antes de decidir, pedí respuestas claras a estas 7 preguntas:
1) ¿Cuánto pago hoy (total final, sin “desde”)?
2) ¿Qué incluye exactamente el kit?
3) ¿Qué se cobra aparte y cuánto?
4) ¿Cada cuánto aumenta y por qué?
5) ¿Hay permanencia / penalidad de baja?
6) ¿Quién instala y quién da soporte?
7) ¿Qué protocolo real usan ante un evento?
Te asesoramos y armamos un sistema a medida con precios reales desde el inicio.
Quiero hablar con un experto